sábado, 23 de mayo de 2015

Lección 68, Grado Segundo, Orden Primera (Influencia de los manifiestos de la R+ en la Masonería Especulativa III)


Herencia R+ de la M:.

Paz, Tolerancia y Verdad

Este Trabajo es el comentario de un extracto del Libro Iluminismo Rosacruz de Frances Amelia Yates.


Atuendos del Real Arco, Espada, Medallas y Daga ceremoniales
con rituales de los grados azules. Propiedad de ARALBA
La historia legendaria de la albañilería, del verdadero arte de construir, se cuenta en algunos poemas medievales (con fecha cercana a 1400), que según los francmasones modernos son documentos de la antigua masonería operativa, la del oficio y el gremio, de la cual pretende derivarse la francmasonería o masonería especulativa.

En estas Constituciones Manuscritas de la Masonería, como se llaman esos escritos, la albañilería, la construcción o la arquitectura, se identifican con la geometría. Un relato afirma que la geometría fue descubierta antes del Diluvio, y otro dice que Abrahán enseñó geometría a los egipcios. En otra versión de la invención de la geometría derivada de una fuente clásica (Diódoro Sículo), se dice que la geometría fue inventada por los egipcios para poder controlar las inundaciones del Nilo.

Esta invención se atribuye a Thoth-Hermes, o sea a Hermes Trimegisto, a quien se identifica con Euclides. De esta manera, los orígenes de la geometría y de la albañilería, y por consiguiente de la masonería, se pierden en un lejanísimo pasado hebreo o egipcio, rodeados de místicos que se relacionan claramente con la concepción renacentista de la antigua sabiduría de los Prisci Theologi o Prístinos Teólogos, donde halla su fuente toda la verdadera sabiduría.

En la mitología masónica, la verdadera sabiduría antigua se conservaba en la geometría del Templo, construido por Salomón con la ayuda de Hiram, rey de Tiro. Se creía que el arquitecto del Templo era un cierto Hiram Abif (No Hiram el Rey), cuyo martirio es tema de una representación simbólica en los ritos masónicos.

La fuente oficial de la mitología e historia mística masónicas parecen ser las Constituciones de los Francmasones, publicadas en inglés por James Anderson, que no era masón, en 1725 y que según tenemos entendido todavía se consideran un documento de gran autoridad para la historia masónica por parte de algunas de las obediencias. Contiene una declaración que debe leerse durante el rito de admisión de un nuevo miembro, que comienza diciendo lo siguiente:

“Adán, nuestro primer padre, creado a imagen y semejanza de Dios, el Gran Arquitecto del Universo, debe haber tenido escritas en su corazón las ciencias liberales, especialmente la geometría, porque desde la Caída encontramos los principios de ésta en el corazón de su prole…”

La historia de la geometría es pues buscada e identificada en todo el curso de la Biblia, hasta culminar con la construcción del Templo de Salomón.

Pero no hay que olvidar que el Reverendo Presbiteriano Anderson, en uno de sus escritos propios, se lamentara de que algunos miembros laboriosos y abnegados de la Nueva Obediencia, “en un exceso de celo, se dedicaran a destruir algunos de los más importantes papeles que demostraban la verdadera filiación de la masonería especulativa moderna” decimos nosotros, gracias a documentos que han venido surgiendo a posteriori, con las logias escocesas de masones aceptados, descendencia directa de la Masonería puramente operativa, y que supuestamente fuesen formadas por la familia Estuardo y algunos de sus protegidos caballeros templarios.

Como casi todas las historias de la masonería –sigue la Autora del Iluminismo Rosacruz-, las Constituciones, después de hablar de la construcción, de los constructores y de los edificios que figuran en la Biblia, pasan a ocuparse de la arquitectura no bíblica.

En primer lugar, el arte real de la arquitectura se difundió de los judíos a los griegos, luego lo aprendió Roma, que se convirtió en el centro del saber y del  poder imperial, llegando a su cenit con Cesar Augusto, bajo cuyo reinado nació el Mesías de Dios, Gran Arquitecto de la Iglesia. Augusto patrocinó al gran Vitrubio, hasta el día de hoy padre de todos los verdaderos arquitectos. Augusto fue Gran Maestro de la logia masónica de Roma y creó el estilo augusteo.

La historia pasa luego rápidamente por la pérdida de la masonería romana con las invasiones bárbaras, y el advenimiento del estilo gótico, mencionando que en los tiempos de la ignorancia a veces se condenaba por nigromancia a la geometría.

Refiriéndose ya a los tiempos modernos o más recientes, el relato afirma que la reina Isabel I (La Hija de Enrique VIII)  no fue favorable a la arquitectura, pero que el Rey Jacobo revivió las logias inglesas y rescató la arquitectura romana de la ignorancia gótica.

En Italia, brillantes arquitectos habían revivido el estilo clásico que fue restaurado sobre todo por el gran Palladio, cuyo rival en Inglaterra es nuestro gran Maestro Albañil Íñigo Jones. Carlos I también patrocinó a Mr. Jones, a quien se presenta como un indudable francmasón, al igual que Carlos II. Se menciona elogiosamente a sir Christopher Wren, arquitecto de la catedral de San Pablo en Londres.

Pero a fin de cuentas, esta historia no aclara el punto sobre el cual es tan necesario tener informes definitivos: ¿Cuándo se fundó la masonería moderna como sociedad secreta organizada? La mayoría de los libros que tratan de la masonería confunden la arquitectura bíblica, los relatos legendarios, la historia de la arquitectura en general y la historia de la masonería, tal como indica James Anderson en las constituciones de 1725.

Pero parece probable –y esto es algo que hacen ver los historiadores masones- que la especie especulativa de masonería y su gradual separación de la albañilería operativa, comenzaron cuando revivió el interés en Vitrubio y en la arquitectura clásica resucitada.

Y a pesar de que Anderson no hace ninguna declaración definitiva a este respecto, parece que en su historia Iñigo Jones tiene una gran importancia, tal vez insinuando que la masonería como institución, diferenciada de la leyenda masónica, comenzó a propagarse en Inglaterra en concomitancia con la introducción y difusión del estilo augusteo por obra de Iñigo Jones.

Se advierte una curiosa laguna en la historia masónica: ¿por qué no se menciona a Jhon Dee, el célebre filósofo hermético y autor de un famoso prefacio para la traducción inglesa de la obra de Euclides, en el cual elogiaba al gran Vitrubio y exhortaba a luchar por el renacimiento de Euclides, de la arquitectura y de todas las artes matemáticas? La edición inglesa de Euclides, con el prólogo de Dee, fue publicada en 1570, y con seguridad fue un monumento sumamente memorable para el sagrado arte de la geometría y el heraldo del renacimiento de la arquitectura clásica en Inglaterra muchos años antes de Iñigo Jones. 

Es difícil creer que los masones no conocieran el prólogo de Dee a la obra de Euclides, que contiene tantas citas a Vitrubio, y en verdad es bastante claro que James Anderson sí lo conocía, pues en más de una ocasión casi parece que lo está citando textualmente.

Compárense por ejemplo las palabras con las que Anderson describe el reinado de Augusto como la época en la que nació el Mesías de Dios, Gran Arquitecto de la Iglesia, con las palabras de Dee sobre Augusto “en cuyos días nació nuestro Celestial Arquimaestro”. Se queda uno con la impresión de que Dee fue puesto deliberadamente fuera de la historia oficial de la masonería.

¿Cuál puede ser la razón de esta omisión? Quizá la misma por la cual con tanta frecuencia se evitaba pronunciar su nombre: Su fama de hechicero y la publicación condenatoria de Meric Casaubon. Aunque es sumamente irónico que en su prefacio el mismo Dee deplore la acusación de hechicería que le hacen los ignorantes, exactamente como Anderson en las Constituciones afirma que en los tiempos de ignorancia a veces se condenaba por nigromancia a la geometría.

En L:.V:.X:. Luz, Verdad y Amor; que las Rosas del Alma florezcan majestuosas sobre la Cruz de vuestro Cuerpo material.


Aralba